Bienvenidos a Revista Asueto, un espacio de literatura, crítica y traducción, para disfrutar de poesía contemporánea, con autores cordobeses, argentinos y de Traslasierra. Desde Villa Dolores, Córdoba, Argentina.




viernes, 7 de enero de 2011




Oro y espacio

Granado, higueras, viñas:
el aire vivo de las sierras.
un diálogo producido por el viento,
la vara solar, los pajonales y las plantas.
Con la serenidad
de un Dios en penitencia,
a veces se cierran,
como una flor en la noche,
tus ojos perdidos, fatigados.

Los Hornillos - Cba.
Jorge Vazquez Yofre

jueves, 6 de enero de 2011

Claudio Suárez




Sin consuelo

El mundo viejo
impuso su tristeza
y hay demasiadas cosas
con las que no sé qué hacer.
Si estuviera en mi patio de chico
quizás podría
(con las expensas al día)
esperar en algún rinconcito
como si todo aún por suceder.

Jorge Prieto

miércoles, 5 de enero de 2011

Osvaldo Guevara




Deshabitado

Esperando que vengas, como un pálido
tronco impaciente por la primavera,
me dejo ser, crepuscular y escuálido,
con mi sangre pintándose de ojera.

Bajo mis pies el tiempo es como un barro
que me amorata, manosea y moja.
Pasa la sombra a tumbos como un carro.
Siento un adiós caer como una hoja.

Tu vestido murmura como un rubio
río callando, como un agua suelta.
Suele tornarte luz, como un efluvio,
y flotarme la piel, como disuelta.

Quieto en la noche, aspiro tu memoria.
Espero y tiemblo con la voz vaciada.
La luna es una sábana mortuoria
sobre mi soledad de planta helada.

A veces llegas con tu aroma en vilo,
con tu peso de polen, con tu aliento.
Ahora, con sus cuernos, con su filo,
me desparrama tu color el viento.

Te escribiré de nuevo, con la pluma
como empapada en humedad de beso,
porque aun perdida - nave, brillo, bruma -
sigues creciendo en mí, hueso tras hueso.

Osvaldo Guevara

Memoria de Horacio Castillo



(Ensenada, 1934 – La Plata, 2010)


Esta mañana falleció en La Plata el gran poeta y el querido amigo Horacio Castillo. Me lo comunicó esta tarde Rafael Oteriño, en unas breves, desoladas líneas. Veo ahora en una noticia, junto a su nombre, las dos fechas entre paréntesis, y me parece mentira. La próxima semana pensaba visitarlo.

Ahora es de noche, me he servido un vaso de buen vino, he prendido una pipa y he puesto sobre la mesa sus libros, los libros que he leído tantas veces a lo largo de los años, muchos de cuyos poemas a menudo me he dicho a solas, de memoria. Hace unos instantes, justamente, me he repetido unos versos que parecen escritos para esta ocasión, una suerte de ensalmo o talismán para el momento de la muerte:

Cuando mi alma, como una rana, salte a la nada
la oirán croar, croar toda la noche,
croar arriba y abajo, al este y al oeste,
hasta que el ojo monótono de la luna llore en los pantanos,
hasta que cese el espanto y empiece la eternidad.

Conocí a Castillo cuando yo tenía quince años, en un encuentro de poetas en mi ciudad natal. Recuerdo claramente aquel día, que tuvo una especial importancia en mi vida y en mi aprendizaje de la poesía. En una pausa de las numerosas lecturas de poemas, que a ambos nos resultaban un poco abrumadoras, me invitó a cenar en un restaurante que estaba al frente de la plaza central, y ahí nos quedamos comiendo y conversando durante casi dos horas. Él hablaba, en realidad, y yo sólo escuchaba, intercalando apenas cada tanto la memoria de algún pasaje leído, alguna vacilante idea, y preguntas sobre su poesía, que aquel adolescente ya frecuentaba con fervor desde hacía un tiempo. Para entonces, Castillo había publicado Descripción (1971), libro del cual tempranamente renegaba, y Materia acre (1974), y preparaba su tercer libro, Tuerto rey, que aparecería algunos años más tarde, en 1982. Luego de aquella cena, se inició una extraña amistad ―extraña por la disparidad de edades, sin contar la de talento― que se prolongó durante décadas, hasta hoy. En todo ese tiempo, he tenido la suerte de compartir muchas más horas de conversación con él, y de leer algunos de sus poemarios cuando todavía se encontraban inéditos, pero ya conclusos y, diría, perfectos, luego de largos años de lenta elaboración. También he tenido el raro privilegio de publicar sus últimos libros, desde Los gatos de la Acrópolis (1998), segundo título de la colección “Fénix”, hasta Mandala (2005), además de un volumen de traducciones de poemas de Takis Varvitsiotis. Quedó en proceso de edición un conjunto de versiones de otro poeta griego contemporáneo, Miltos Sajturis, que confío saldrá próximamente, a manera de póstumo homenaje a su traductor.

Hay en la obra poética de Castillo una notable paradoja: parece haber surgido de un puro don imaginativo, parece no aceptar en su espacio mágico, de resonancias míticas, sino lo que ha sido depurado de todo lastre autobiográfico, de toda circunstancialidad realista; y sin embargo, al leerla nos conmueve como si a cada instante nos trajera el recuerdo de la más concreta y honda experiencia de vida, del temor y el temblor del hombre ante el dolor, el mal individual y colectivo, la muerte, y también del estremecimiento humano ante la belleza, el amor, el conocimiento, el goce de estar vivos. Creo que la piedad por lo que hay de sufrimiento y de felicidad en el mundo es una de las raíces profundas de su escritura. Alguna vez me pareció advertir en su poema “Hice un hoyo” una especie de arte poética, una descripción precisa del proceso que cumple la materia existencial hasta quedar transfigurada en un gajo de purísima creación imaginativa:

Hice un hoyo en la tierra
y lloré dentro de él; lloré de bruces,
hasta que el llanto llegó al fondo,
hasta que todo se anegó,
hasta que brotó de la profundidad
un tallo que nadie hubo tocado.

Yo no sé si la poesía ayuda para afrontar la propia muerte. Probablemente sí, pero no estoy seguro. Sé, sin embargo, que los versos de los poetas admirados y queridos nos dan consuelo para aceptar su desaparición: en ellos seguirán viviendo, seguirán acompañándonos en el silencio y la soledad de la conciencia hasta que llegue la hora de partir también. En los versos de Horacio Castillo se cumple lo que deseó como inscripción para una lápida anónima: la palabra ―como una especia, como una hierba aromática― que mientras su perfume se disipa recuerda al que la lee la existencia de la que se ha nutrido, la fruición de la vida triunfando sobre la extinción:

Ni la rosa perfecta ni el laurel público:
nardo y albahaca, anís, lavanda, nuez moscada,
y que el aire del alba esparciendo su aroma
avise al peregrino: Éste vivió.

por Pablo Anadón
Alta Gracia - Córdoba, 5 de julio de 2010.

martes, 4 de enero de 2011

Ajedrez

Enfrentados en la pequeña mesa
se miran largamente
intentando descifrar lo que el tiempo no borró.
Papá y el abuelo saben
que cada palabra es una guerra.
Juegan. Mueren de a poco,
callados.
En el borde del tablero,
confío que alguno me prefiera
y oculte un alfil en mi mano.
Que alguno olvide,
para que sus batallas no sean la mía.

Daniel Mariani

lunes, 3 de enero de 2011

Dafne



Dafne

La mirada de Apolo enamorado
la tocó como un rayo.
Su alma fue llamada a una isla de luz
su cuerpo se transformaba en verdes ramas
cantantes
ebrias de puro ser.
Conoció el arrebato de nubes
indescriptibles
y la felicidad de nadar entre hojas de
diamante.
Una mirada de fuego
la sostenía sobre el abismo.
Moraba en la alegría de una fiesta
de niños y racimos.
La vida era un paso de danza
hacia el cerúleo mar resplandeciente.
La acompañan memorias encendidas
dalias de fuego
un viento
hecho de pájaros.
Déjala reposar entre fulgores
no temas por su muerte.


Graciela Maturo

jueves, 30 de diciembre de 2010

REVISTA ASUETO CUMPLIÓ DOCE AÑOS Y PRESENTÓ LA EDICIÓN 27°


El pasado 3 de diciembre, se presentó en el Centro Cultural Cooperativo la Revista Asueto, hojas de poesía en su edición vigésimo séptima. Con este número se cumplen ya 12 años de vigencia, desde que se iniciara en el año 1998. En este tiempo, a través de sus páginas se ha difundido fundamentalmente la poesía contemporánea argentina mediante colaboradores de distintas provincias; pero también algunos escritores extranjeros. Así, a lo largo de estos años, se ha llegado a contar con casi un centenar de escritores y poetas del presente, que se amalgaman en sus páginas con los poetas locales María Esber, Jorge Vázquez Yofre, Gabriela Bayarri, Osvaldo Guevara, Alejandro Nicotra, Pablo Anadón y Esteban Nicotra, integrantes del Consejo de Redacción y colaboradores permanentes.

Durante el acto estuvieron presentes poetas locales y público en general, y se contó con dos invitados especiales que llegaron desde la capital provincial: el poeta Claudio Suárez, autor de una decena de libros de poesía, colaborador de la Subgerencia de Letras y Bibliotecas de la Agencia Córdoba Cultura de la Provincia; y Esteban Nicotra, poeta, traductor, Profesor de Literatura Italiana en la U.N.C. y colaborador en diarios (La Gaceta de Tucumán, Los Andes de Mendoza) y revistas literarias.

Hubo lugar también para recordar, dentro de la literatura argentina a Rafael Alberto Arrieta, con una disertación a cargo del poeta Alejandro Nicotra, quien se refirió a su biografía y su obra.

En este número se incluyó una prosa en homenaje al recientemente fallecido poeta Horacio Castillo quien residía en La Plata; colaboración del poeta, traductor y director de Revista Fénix, Pablo Anadón y una traducción de poesía italiana realizada por Esteban Nicotra, a quien se pudo escuchar leyendo en italiano y luego traduciendo al castellano.

Se incorporaron en esta publicación tres escritores tales como Jorge Prieto, de Buenos Aires; Francisco Hugo Rivella nacido en Salta pero residiendo en Córdoba; y Daniel Mariani de Córdoba quien obtuvo el 2° Premio del Concurso “Estímulo a Jóvenes Creadores 2006/07” en género Poesía, organizado por la Agencia Córdoba Cultura. Otros poetas incluídos son: Graciela Maturo, de Capital Federal; Susana Cabuchi, nacida en Jesús María, Córdoba; Alfredo Lemon, de Córdobay los locales Osvaldo Guevara, Villa Dolores, Córdoba; María Esber, Villa Dolores, Córdoba; Jorge Vázquez Yofre, Villa Dolores, Córdoba; Gabriela Bayarri, Villa Dolores, Córdoba.

El acto contó con la colaboración de la Cooperativa CEMDO y comercios locales, a quienes se agradeció el apoyo.