Bienvenidos a Revista Asueto, un espacio de literatura, crítica y traducción, para disfrutar de poesía contemporánea, con autores cordobeses, argentinos y de Traslasierra. Desde Villa Dolores, Córdoba, Argentina.




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martes, 14 de junio de 2011

POESÍA DE CÓRDOBA (4 POETAS)


Es ya un lugar común, para la crítica que se ocupa de la poesía cordobesa de esta última mitad del siglo, decir que ella, a diferencia de la de otras zonas del país, no presenta rasgos regionalistas. Sin embargo, hojeando las páginas de sus poetas más representativos podemos a veces percibir el influjo de un ámbito mediterráneo, montañés, en imágenes o motivos. Pero tales figuras no guardan, generalmente, sino un carácter simbólico. Las torres, las cumbres o los árboles que eventualmente delinean sus paisajes obran así como entidades angélicas, portadoras de una significación interior.
Se tiene, más bien, la sensación de una poesía vuelta sobre sí misma y, a la vez, sobre lo esencial humano. Poesía de claustro y universo, podríamos figurarnos a sus autores, como Antonio Machado a su Berceo, en la penumbra y el silencio de la celda, si ilustráramos también su innegable atención a la íntima problemática de la época. Quiero expresar que su dictado “non es de ioglaría”; se trata del de una exigencia espiritual- que pretenderemos sugerir a través de la brevísima consideración de algunos de sus poetas princicipales.
Así, por ejemplo, en Emilio Sosa López, el autor que mejor encarna la estética y la crisis de la modernidad. Como bien ha dicho Horacio Armani en un esclarecedor ensayo publicado en La Gaceta, su poesía" exhibe en los comienzos un hondo misticismo existen­cial que irá desapareciendo para tornarse una crítica mirada un análisis metafísico del ser " y - agreguemos - del siglo que le tocó vivir. En efecto, Sosa López examina nuestro tiem­po, y su verbo se va convirtiendo, cada vez más, al avanzar su obra, en instrumento de esa indagación. Los resultados configuran, frecuentemente, visiones desoladas como la de este fragmento:

Anochece. Y el gran brillo de Occidente
cuaja su luz lechosa de neón.
Nosotros andamos entre esas blancas claridades
que demacran los rostros
y los convierten en piedra.
El corazón se endurece así hasta el crimen.

La noche no es más la noche bendita
del descanso, sino la desvelada pesadilla que acaba al amanecer.
Volvemos entonces
al giro continuo
de un tiempo que se devora a sí mismo.


Trascender ese tiempo, “que se devora a sí mismo ", es el ansia que mueve a Jorge Vocos Lescano, tan luego el poeta cordobés en que más notoriamente se percibe la voluntad de que el tiempo- y la peculiar emoción que suscita- circule en el interior del poema de manera sensible, vivencial, según lo quiere la estética machadiana. Uno de sus títulos - Con la figura, el temblor - define muy bien su poesía: la clásica plasticidad de la imagen y el estremecimiento romántico ante el fluir de las cosas, de la vida. Estamos, con él, muy lejos del esplendor fijo de la lógica; la salvación la otorga, paradójicamente, la palabra herida por la fugacidad, que ronda en torno a la evocación de Córdoba - símbolo de lo eterno, y también de un pasado que la nostalgia postula como paradisíaco :

Alguna vez- yo sé que está conmigo, y es la razón donde me sé más fuerte-ha de cambiar el viento de la suerte
y he de volver como antes a tu abrigo.

Puede que el puro sueño que persigo se cumpla sólo el día de la muerte. Cuando los ojos ya no puedan verte. Cuando no diga lo que ahora digo.

Pero es igual, igual, pues el desvelo, que es desvelo de sierra y campanario, está en el corazón, no tiene horario.

Yen este andar tan lejos de tu cielo sólo el volver se me hace necesario, volver es la medida del consuelo.

Ese retorno salvífico, el suyo, que de algún modo puede ser también el nuestro, busca lograr su fin, sin duda, mediante la virtud estética.
Osvaldo Pol, en cambio, sacerdote jesuita, confiere -así nos parece- el fundamento de la acción redentora de la poesía al hallazgo del más puro concepto moral. Su palabra, exigida en la ascesis, alcanza sin embargo una rara belleza. Casi sin imágenes, con ritmo apenas perceptible, el verso oscila entre la reflexión y la plegaria. Medita su día, emite su juicio y queda en disponibilidad para más altos tribunales:

Pero es igual, igual, pues el desvelo, que es desvelo de sierra y campanario, está en el corazón, no tiene horario.

Yen este andar tan lejos de tu cielo sólo el volver se me hace necesario, volver es la medida del consuelo.

Ese retorno salvífico, el suyo, que de algún modo puede ser también el nuestro, busca lograr su fin, sin duda, mediante la virtud estética.
Osvaldo Pol, en cambio, sacerdote jesuita, confiere -así nos parece- el fundamento de la acción redentora de la poesía al hallazgo del más puro concepto moral. Su palabra, exigida en la ascesis, alcanza sin embargo una rara belleza. Casi sin imágenes, con ritmo apenas perceptible, el verso oscila entre la reflexión y la plegaria. Medita su día, emite su juicio y queda en disponibilidad para más altos tribunales:

Tengo,
para mis altos tribunales,
que hacer la criba exacta de los días.

……………......................................
Nada fuera del juicio
necesario cuando llegue el momento de las claridades. Nada.

Ni siquiera estos versos
con sus palabras débiles de carne, con su anhelante rastro de belleza y plegaria.

Aquí debiera acabar, cumplidos ya los minutos que le han sido otorgados, esta exposición. Guardo la esperanza de que, a través de los pocos renglones leídos y especialmente a través de los versos de los poetas, cuya cita estimé inexcusable, ella haya permitido siquiera entrever cierto sentido unitario de la poesía de Córdoba, más allá de sus formas y visiones diversas. Sentido quizá emergente de su fe orientada a revertir el nihilismo de un " vivir sin imagen ", culpable de ese fruto verde, o vacío, que, según la metáfora de Rilke, el ángel desdeña en nuestra muerte.
Pero solicito de la benevolencia de los señores académicos unos segundos más "aún para confiar a otro poeta cordobés la clausura de estas páginas. A la ironía, la mesura, y el lirismo lacónico de Rodolfo Godino entrego la responsabilidad de un prudente final:

Dioses adecuados,
galas y furias trajimos aquí
y un espejo de luna favorable.

Sobre esta mesa la palabra explora y el oficio elude en el poema rastros de sombras coronadas.

(Como ellas seremos juzgados, señalada nuestra duda
como recto sendero,
nuestra certeza como veleidad, nuestras líneas de sangre
como exasperación del sentimiento.}

Bienvenida, materia real, ley del juego ~ llamada por alguien don celeste.

Alejandro Nicotra


Estas páginas fueron leídas por su autor en la Sesión Pública de la Academia Argentina de Letras realizada en San Miguel de Tucumán el 10 de Junio de 1998.

martes, 3 de mayo de 2011

Mujer dormida o dunas



Apenas unas dunas

que sobrevuela un pájaro
y un caballo contempla desde su blando límite.


Alrededor, el cielo. Las distancias.


Un sol sin sol, un viento oculto,
mueven su cálida respiración, apenas.


Uno sueña las fuentes.


Despertarlas con crines y con furias.
Cavar con cascos hasta el grito.


Sólo es posible
enredarse las alas en espinas
y morir.


Alejandro Nicotra

sábado, 30 de abril de 2011

El pan de las abejas



(En memoria de A.E.A., poeta.)


El pan de las abejas, la miel de todos,


Sopla el tiempo
sobre la galería de tu casa: nadie
sino la luz sorda, vacía,
entre pilares rotos.
Ni tu sombra, ni el rumor del poema


("El agua con racimos y la luz con abejas".
Patio sin parras. Seco aljibe.

Ayer,
la madre pasa con un plato de miel.


He visto las colmenas devastadas
y en el aire de marzo,
espacio azul,
el humo que subía desde los panales.


He visto al hombre enmascarado,
los torpes guantes,
y el pueblo de la brisa
y de la flor:
gota a gota,
los pequeños
cadáveres.


He visto al sapo gordo
saciado de saqueo.


Sopla el tiempo
desde la fresca sombra de las parras,
los cántaros, las flores. (El temblor
y la luz de las abejas.) Oigo
tu voz.

Un niño pasa con un plato de miel.


He visto las colmenas devastadas,
el humo por el aire de marzo.


Y he visto,
entre las ruinas y la sombra,
el pan hecho de sol;
quiero decir
lo sabes: vi tu muerte
y tu vida. (La galería rota
de tu casa, las páginas
doradas). Y mi vida
y mi muerte,
seguramente iguales.


Un hombre pasa con un plato de miel.


El pan de las abejas,
la miel de todos.

Alejandro Nicotra

viernes, 7 de enero de 2011

Alejandro Nicotra se refiere a la obra de Rafael Alberto Arrieta



Página de la memoria

Motivo de otoño

En cestillo de plata
brindas, otoño colector, el fruto
jugoso, almibarado: ¡la carnuda
delicia que deshace
su corazón en aguanieve; el vivo
panal de forma cincelada que abre
su corazón de almendra; el ya postrero
néctar que aumenta su dulzura herido
por el fúnebre anuncio! Así la muerte
mezcla al vino de amor su gota hermana,
y el hombre pasajero
sacia su sed de eternidad, amando
con un ansia mayor lo que perece.
¡Embriágueme tu fruto
sensual! Sangre la maca
dolorida su miel, nunca más dulce;
y en la ablandada intimidad, ya dócil
al roedor que desmorona el túnel
de su constancia, déme
consuelo y fuerza tu licor, otoño,
¡dime, maestro, tu lección preciosa!

Rafael Alberto Arrieta (Rauch, Buenos Aires; 1889 – 1968)

viernes, 9 de abril de 2010

" Manchita, la gata del poeta "

XVI
MUSA MENOR


En asuntos de belleza, consulta
a tu gata.
Rodolfo Modern


Casi como una luna, pero ligera
(con su mancha en el lomo
y su cola de sombra):

así juegas tu rayuela en el patio,
desde una eterna infancia,
que reconozco.

*

Miramos la noche
(hay una bienvenida y hay un adiós)
desde el umbral, propicio

a esa avenida enorme de tinieblas y luces
- que nos tienta, te digo.


*


Sí, tu tenue reclamo en la mañana.
A las puertas del cuarto,
o el despertar, que abren

a ya no sé qué espacios,
desde donde me llamas.

*

Arcano:
eso es, cazadora,
lo que me traes,

viva tu presa oscura
en el brillo del ojo.

Alejandro Nicotra
(del libro De una palabra a otra)

viernes, 26 de marzo de 2010

Estrofas de Córdoba
I
Estatua de sal en el cuarto vacío,
ahí la tienes —fija,
su claridad errante—:
desnuda musa, luna.
(La abandonada,
la desconocida.)
Cuerpo que vuelve al sitio del adiós,
nada oculta su máscara blanca;
nada, el ojo desierto.

2
Esquina,
árida arista.
Aquel animal fabuloso
que emergía, más allá de las torres,
su lomo azul...
Allí está,
exhalando las nubes de la nueva
mañana:
para otros. (Tú tienes
el traje fantasmal y los ojos
del alcohol de la noche: toda calle
es huida.)
Esquina,
la del alba, hecha trizas.

3
Las torres vuelan por el cielo a solas.
Aquí abajo,
cascadas de la luz: ¿qué gota
salpicará la mesa, tu corazón, su letra?
¿Todo es luz en la luz?
...Como una fuga
de paloma, la hora
echa en el bar, en el papel, su sombra.

Alejandro Nicotra (Villa Dolores, Córdoba)
“Desnuda musa”

miércoles, 24 de febrero de 2010

Homenaje a Antonio Esteban Agüero



El pan de la abejas


(En memoria de Antonio Esteban Agüero, poeta.)


El pan de las abejas, la miel de todos,


Sopla el tiempo
sobre la galería de tu casa: nadie
sino la luz sorda, vacía,
entre pilares rotos.
Ni tu sombra, ni el rumor del poema


("El agua con racimos y la luz con abejas".
Patio sin parras. Seco aljibe.

Ayer,
la madre pasa con un plato de miel.


He visto las colmenas devastadas
y en el aire de marzo,
espacio azul,
el humo que subía desde los panales.


He visto al hombre enmascarado,
los torpes guantes,
y el pueblo de la brisa
y de la flor:
gota a gota,
los pequeños
cadáveres.


He visto al sapo gordo
saciado de saqueo.


Sopla el tiempo
desde la fresca sombra de las parras,
los cántaros, las flores. (El temblor
y la luz de las abejas.) Oigo
tu voz.

Un niño pasa con un plato de miel.


He visto las colmenas devastadas,
el humo por el aire de marzo.


Y he visto,
entre las ruinas y la sombra,
el pan hecho de sol;
quiero decir
lo sabes: vi tu muerte
y tu vida. (La galería rota
de tu casa, las páginas
doradas). Y mi vida
y mi muerte,
seguramente iguales.


Un hombre pasa con un plato de miel.


El pan de las abejas,
la miel de todos.
Alejandro Nicotra (Villa Dolores, Córdoba)