Bienvenidos a Revista Asueto, un espacio de literatura, crítica y traducción, para disfrutar de poesía contemporánea, con autores cordobeses, argentinos y de Traslasierra. Desde Villa Dolores, Córdoba, Argentina.




viernes, 12 de febrero de 2010

A fines del verano
crece marzo.
Los empleados municipales
construyen a Momo
de paja seca
enlazada con mimbres
y lo tensan en cruz.
Sobre una enorme rueda
girará para su muerte
en la estación de trenes.

¿Qué hará Momo por nosotros,
qué obtendremos al castigarlo?

No otorgará salud.
No prometerá el agua.
No cubrirá nuestros campos
de trigo.
Pero lo han decidido
hace mucho.

Y asistimos.

Susana Cabuchi, "Detrás de las máscaras"

jueves, 11 de febrero de 2010

Digo la tonada

El idioma nos vino con las naves,
sobre arcabuces y metal de espada,
cabalgando la muerte y destruyendo
la memoria y el quipo del Amauta;
fue contienda también la del Idioma,
dura guerra también, sorda batalla,
entre un bando de oscuros ruiseñores
con su pico de sierpe acorazada
y zorzales y tímidas bumbunas
que la voz y la sangre circulaban
del abuelo diaguita o michilingue
con persistencia de remota llama;
rotas fueron las voces ancestrales,
perseguidas, mordidas, martilladas
por un loco rencor sobre la boca
del hombre inerme y la mujer violada.
Y el Idioma triunfó, los ruiseñores
de Castilla vencieron, la calandria
cuya voz era tierra, barro nuestro,
son y zumo de tierra americana
de repente calló cuando los hierros
agrios del odio en su dolor de fragua
le marcaron el pecho que gemía
y segaron la luz de su garganta...
Pero la lucha prosiguió en la sombra,
una guerra de acentos y palabras,
de fugitivas voces y vocablos
con las venas sangrantes que buscaban
refugiarse en la frente o esconderse
en la nocturna claridad del alma
perdiendo expresión y contenido,
la sonora raíz, la leve gracia,
el poder bautismal y la semilla
para ser sólo la sutil fragancia
que nos sella la voz con el anillo
popular y común de la tonada:
Yo entrecierro los ojos y la escucho
venir y llegar hasta mi almohada
como un largo rumor de caracola,
como memoria de mujer descalza,
como llega la música en la brisa
si la brisa es arroyo de guitarra;
y la siento volar en la tertulia
de labio en labio, mariposa mansa,
suave cuerda que vibra, quena sorda,
o fugaz sugerencia de campana;
y la escucho en la voz que me despierta
con el mate y su luz en la mañana
cuando el sol es un padre que nos dona
el reciente verdor de la esperanza;
y la escucho en un niño que transita
por el sendero que trazó la cabra
y me grita: ¡Buen día! y me conforta
con la sonrisa de su alegre cara;
de repente la siento que rodea
mi corazón como una mano blanda
si la voz de la madre o de la esposa
se florece con íntimas palabras;
alguna noche la escuché en Rosario
en la voz de una joven que pasaba
y eso sólo bastó para que viera
amanecer los cerros del Conlara;
y otra noche la oía en Buenos Aires,
en muchedumbre de no se qué plaza,
sobre un grito vibrante que decía
titulares de prensa cuotidiana;
cómo es dulce sentirla cuando llega
desde una boca de mujer besada
con el "sí" suspirado que promete
una cálida rosa para el ansia;
y la escucho sonar entre los niños
de un pueblecito que se dice Larca
mientras mueven las manos en el juego
escolar y rural de la payana;
y la siento rezar en el velorio,
y saltar en el arco de la taba,
y volverse puñal en el insulto
y suspirar en la recién casada.
Dondequiera que esté yo la escucho
y tras ella regreso a la comarca
donde soy una piedra, una semilla,
una nube y un pájaro que canta...
No tenemos bandera que nos cubra
tremolando en el aire de la plaza,
ni canción que nos diga entre los pueblos
cuando suene el clarín, y la proclama
desanude las últimas cadenas
y destruya el alambre y la muralla,
pero tenemos esta luz secreta,
esta música nuestra soterrada,
este leve clamor, esta cadencia,
este cuño solar, esta venganza,
este oscuro puñal inadvertido
este perfil oral, esta campana,
este mágico son que nos describe,
esta flor en la voz: nuestra Tonada.

Antonio Esteban Agüero (Merlo, San Luis, 1917)

Nació en Piedra Blanca (San Luis) el 7 de Febrero de 1917 ...http://server-enjpp.unsl.edu.ar/website/baea/baea-new.html?p=11&url=1

De octubre

Hoy lo sé;
hace veinticinco años he muerto.
Había sido en la vida
posible soñar, era el mañana
un algo que no es hoy, que dista de esto.
Yo sé que fue usted el que robó una estrella
para inscribirla en su frente, para que algo
brillara entre los hombres.
Este hoy es un día
luminoso de Octubre.
(Apenas si se alivia el viejo cielo
de tanto y manso azul, claro, extendido).
Nada era igual por esos años
de fines del sesenta.
Mirándonos, trajeron
los diarios a sus ojos.
(No eran ojos, no; eran mirada).
Ojos de tierra, casi abiertos, tan fijos.
No sabíamos, entonces, que su muerte
sería el anticipo de esta otra
forma de morir que es el nosotros.
Hoy lo sé.
Busco entre mis cosas lo que queda,
urgo viejos cajones, mil bolsillos.
Le confieso, en todo nada encuentro.

Julio Castellanos (Córdoba, 1947), de "Cercanías".

miércoles, 10 de febrero de 2010



He puesto madera
en la casita de tu vientre.
La puse con tierra furia.
Ayer me enteraste
que la madera
te está creciendo y te palpita.
Tengo sobrados motivos para sostener
que el dios con mayúscula que buscaba
soy yo
yo mismo en traje
en carne y hueso,
no obstante los indicios
de mi calvicie prematura.

He puesto madera
en la casita de tu vientre
y la madera está creciendo.
Indudablemente
soy Dios.

(Lo que digo no es un decir.
Es la más pura verdad.
Dios anda suelto.
Hay que tener cuidado con él,
porque es medio
totalmente loco).


De "El último padre"

Rodolfo Braceli (1940, Mendoza, Argentina)

jueves, 7 de enero de 2010

La Poesía sucediendo

LA POESÍA SUCEDIENDO
La Poesía aquí, en la rosa más leve de mis sueños de arena, en los ojos del niño que deambula en las calles,
en la quietud del lago que me va recordando los increíbles peces de un espejo sonoro.
Aquí, en la boca desnuda del que lo dice todo,
en el punto que une el círculo y la recta para que se desdiga la ecuación de sus números hueros.
La Poesía aquí, en la felpa y el miedo, en el corsé infinito de la propia censura, desmantelada, sí, desgajada del árbol, huyendo de las ratas, del mendigo, del cuajo de mis ojos, de sus ritos de menta, del poeta y demiurgo de ranas hechizadas, de tigres desdentados, de putas sollozando, de barcos sin sentido en un puerto vacío.
La Poesía aquí, en el pubis de escarcha de la mujer violada, en el cura que baja hasta la misma sombra y muerde el campanario de su sexo apagado.
La Poesía aquí, en la rosa demente, cuando se desmorona el mundo, sus harapos,
los labios temblorosos del cómplice de turno y el político fuga de sus propia palabra.
La Poesía aquí, en la punta del pie, en las uñas pintadas de la mujer que amo,
su cuerpo en mis dedos como una flor de nieve, el perfume del viento que cruza sus cabellos y que llena de soles los bordes de mi almohada.
La Poesía entre mis huesos de amor trastabillando.
La Poesía aquí, entre nosotros, en el rostro polvoso de la trampa,
en la niña que duerme sus juguetes de plástico, en la tierra que estrangula sus rituales de lluvia y estaquea su corazón como a un cuero reseco
y Cristo se desgarre a orillas del crepúsculo si no siento que cuando pasa el otro,
soy yo el que está pasando
La Poesía aquí, desnuda o desnudándose, mostrándonos el sexo para que se escandalice la página literaria que merodea su censura infinita, porque si digo puta o mierda o puñalada, causa más impresión que si dijera hambre, pobreza, desnutrición,
extrema unción del río que va contaminado.
La Poesía entre nosotros para que siga viva, y vuele desde el cerezo hasta el agua servida, y caiga del ojo que llora una lágrima enferma,
La Poesía que abandone al poeta sin mancha, su copa de cristal sin llagas en la sombra, sin tigres en la sangre, al poeta que urde su pedestal y olvida, al otro, al diferente y porque arma un verso con levedad de olvido, siente que la palabra lo vuelve inalcanzable.
La Poesía que abandone la cátedra vacía del ritual del fonema y el desmenuzamiento de planos inclinados, de análisis sintácticos, el giro, el paradigma, y sorba el seso al Juez con sus doctrinas, y en el hombre se agriete como una flor reseca.
La Poesía entre nosotros igual que una pedrada arrojada al espejo del miedo y de la muerte,
que ronque en el ausente,
que le sueñe a la madre sus rezos en la noche,
que el travesti la bese y la posea,
que el caído la trame en su tristeza, El verso digital 2009 Varios autores
que a la niña le ronde enamorada,
que al mendigo le cruja en los zapatos.
La Poesía entre nosotros como la vida misma, buscándonos, hundiéndonos, penetrándonos, a cara descubierta, a sexo limpio, a fábrica tomada, a piedra en el escándalo, a ternura de sapo, a un tsunami de bronce, a bestia alucinada.
La Poesía aquí, entre nosotros, como un rompecabezas que armamos entre todos.
La Poesía sucediendo… porque sucede el Hombre con sus ángeles torpes, y sucede la vida y suceden los años … en Bayer y en la Glauce que agazapa sus ojos en las rejas del Bergman, en Romilio Rivero hechizando serpientes, en Vallejo y sus huéspedes secretos, en Lorca con sus toros irrumpiendo Manhattan, en Céspedes y la trama del Presidente Ahorcado, en los trenes oxidados del salar de uyumi como un museo de hierro que nos sueña soñando.
La Poesía sucediendo en la caña de azúcar, en la mujer de ojos renegridos en donde el fuego se vuele una luciérnaga.
La Poesía sucediendo en todas partes, en los ojos, los dedos, en los pocos cabellos que rondan mi cabeza, en la poca inocencia que nos queda, en la fragilidad del agua anochecida.
La Poesía sucediendo en todas partes.
Adentro
sucediendo..
Hugo Francisco Rivella (Salta, reside en Córdoba)

Rey i-mago

Pasto, agua y carta para los reyes.
Años de peregrinar el deseo
donde mi niña se quedaba dormida.
Hoy un poco más despierta
sigo esperando…
Fanny G Jaretón (Córdoba)

miércoles, 6 de enero de 2010

Arte poética



Soltar la lengua, de manera que no trabe el producto

que viene desde adentro, impulsado

por una fuerza superior

y el hábil juego de riñón y diafragma;

insistir presionando los músculos

como para expulsar

un caballo o un cíclope;

repetir el procedimiento

provocándolo inclusive con los dedos

o una materia acre,

hasta quedar vacío, sólo reseca piel,

odre para colgar del primer árbol,

extenuada matriz de lo volátil, acaso de la luz.
Horacio Castillo (La Plata)

Horacio Castillo, nació en 1934. Ha residido casi toda su vida en la ciudad de La Plata. Es poeta, crítico, traductor, abogado y miembro de número de la Academia Argentina de Letras y correspondiente de la Real Academia Española. Su obra poética comprende los siguientes libros: Descripción (1971); Materia Acre (1974); Tuerto Rey (1982); Alaska (1993); Los gatos de la Acrópolis (1998); La casa del ahorcado / Obra poética 1974/1999 (1999); Cendra (2000); Antología Poética (2000); Música de la Víctima y otros poemas (2003); Mandala (2005); Por un poco más de luz / Obra poética 1974-2005 (2005). Ha traducido, entre otros poetas, a Calímaco, Constantino Kavafis, Yorgos Seferis, Odysseas Elytis y Yanis Ritsos.