A FIN DE CUENTAS,
aún no he podido arborecer,
y mi charla fue siempre un balbuceo,
ambiguo, sospechoso.
Algo les falta aún a mis sentidos
para olfatear la dicha,
la fe de los creyentes,
esa fe que resiste
la prueba irrefutable del más ronco alarido.
Aún no alcanzan mis pies para llegar
a las fronteras de ninguna parte.
Soy un hombre inconcluso,
y ya es un poco tarde para intentar de nuevo
mejorar mis reflejos,
o esperar con paciencia
el crecimiento firme de aletas y de branquias,
de ruedas vigorosas,
pues la nada me espera en cualquier sitio,
tal vez en la cocina,
tal vez mientras escribo
esta trivial noticia de mis días.
Máximo Simpson (Buenos Aires, 1927)
Aguas bravas: Las cosas claras
-
*Domingo, 13 de septiembre*JUGAR CON FUEGO
Nunca dejarán de sorprenderme los abismos de la condición humana. ¿Cómo
puede estirarse y estirarse la tra...
Hace 1 día